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    • Por un trato justo a los trabajadores de la música y por la homologación de títulos académicos Flipboard

      El hilo de los músicos callejeros-pu-241-o2.jpg


      Por Belial Baez.

      Vivimos en una era complicada desde el punto de vista artístico, económico y social. A la famosa crisis que estamos atravesando, se suman una serie de cuestiones que incluyen aspectos de percepción social del trabajo, la valoración de la cultura, el concepto de productividad y el cambio del modelo empresarial, cuestiones éstas a las que no ayuda la actitud del Gobierno de España y el Ministerio de Cultura, que parece poco interesado en homologar títulos de música moderna reconocidos en Europa, y ataca la valoración de los títulos de clásica que ya existían en nuestro país.
      Todas estas variables suelen pasarse por alto cuando nos referimos a la situación de la música como trabajo, derivando toda la explicación de la problemática hacia una crisis temporal y obviando los problemas estructurales y sistémicos que impiden desarrollar una actividad laboral de forma segura al estar inmersos en un modelo productivo obsoleto que aún no ha encontrado recambio.

      Lo primero que debemos poner en cuestión es el formato físico: cd, dvd, bluray o vinilos. Actualmente el formato físico está cayendo en desuso frente al formato digital, que permite almacenar canciones o discos en grandes cantidades, ahorrando espacio. Además, el formato digital debería permitir reducir drásticamente los gastos tanto de producción, como de distribución, algo que por desgracia no se refleja en el precio final del producto. La manida figura del intermediario o distribuidor resulta cada vez menos necesaria, y sin embargo el músico sigue cobrando cantidades absolutamente ridículas por su propio trabajo y aunque parezca lo contrario, los estudios de música no dejan de disminuir sus precios, sin que por ello el cliente que compra música en formato digital sienta que el precio es adecuado.
      Tanto discográficas como productoras y distribuidoras se resisten a dejar caer un modelo que no funciona y está arruinando a músicos, compositores e intérpretes que cada vez venden menos y que tienen enormes dificultades para distribuir su propio trabajo fuera de los cánones estandarizados de la industria.
      Tampoco es lógico que el comprador se gaste prácticamente lo mismo en un disco comprado en formato digital que en uno comprado un formato físico, algo más propio del coleccionismo y que obviamente revierte en un mayor coste.

      Otro problema del modelo productivo de la música es que seguimos encerrados en el formato LP. Discos de larga duración que se venden en conjunto, cuando deberíamos comenzar a pensar en el formato canción. Reduciendo el precio de las canciones en formato digital o de descarga de alta calidad, podrían multiplicarse las ventas, aunque entraríamos en un dilema ético y artístico. ¿Sería posible volver a tener discos conceptuales o canciones poco comerciales, que sin duda tienen un gran valor artístico, si todo se redujese al sistema single? Es otra cuestión que debiéramos estudiar ampliamente para generar un nuevo modelo productivo que alterne entre la llamada productividad económica y la productividad cultural o social, que ha de tener apoyo, y forma parte de la cultura y el legado de una sociedad, así como de la formación de sus miembros.
      Sin lugar a dudas, este tipo de formato no habría beneficiado a bandas como Pink Floyd, Yes, Porcupine Tree, Dream Theater, o artistas como Miles Davis, Hans Zimmer, o los clásicos. Es por ello que debemos comprender que la productividad no es únicamente aquello que genera dinero, sino aquello que produce un bien social, artístico, cultural o para la propia humanidad.

      Otro de los grandes problemas que asedian el mundo de la música es el propio concepto social del trabajo del músico. Por mucho que queramos parecer una sociedad avanzada y progresista, seguimos anclados en una actitud clasista, intolerable en los albores del siglo XXI. La música, y en general todas las actividades relacionadas con el arte y la cultura, no son vistas como una actividad laboral que requiere un esfuerzo constante y una formación interminable. Un músico profesional tarda casi 15 años en tener el nivel requerido para su actividad. Estudia lenguaje musical, que es como el lenguaje propio de cualquier otra profesión con la diferencia de que no existe un referente con la lengua tradicional o el idioma. Estudió educación auditiva, tarea que lleva años y que ha de perfeccionarse constantemente.. Estudia armonía y debe aprender a aplicarla, analizar piezas… También puede componer, interpretar y debe conocer la técnica y la expresividad propia de su instrumento y de los estilos y las épocas que está interpretando. Esto no resta ningún valor a la música como entretenimiento o hobby. La música, además de ser una actividad laboral, es también una forma de aprender y expresar y cada uno elige hasta qué punto quiere implicar su vida en esa actividad.

      Sin embargo, es muy común que la sociedad mire con desprecio a quien se dedica a trabajar en el campo de la música, como si requiriese menos esfuerzo, estudio y organización. Esta percepción social, totalmente errónea, proviene principalmente de los modelos o iconos que encarnan los "rock stars" o las grandes estrellas mediáticas del pop mainstream, que generalmente no tienen mucho que ver con una formación realista de la música profesional, y que la gente asocia con una vida de lujo, libertad y poco trabajo. Es por tanto necesario mostrar la verdadera faceta de cualquier trabajador de la música, el esfuerzo y las capacidades así como la destreza que se requiere para alcanzar un grado profesional en un instrumento.
      En ese sentido, España es un país sumamente arcaico y desfasado que necesita que su propia sociedad deje de menospreciar a los trabajadores del mundo del arte y la cultura y que comprenda que su visión de ese trabajo no se corresponde en absoluto con la realidad.

      Esto también enlaza con otro problema, la valoración de la cultura y el arte en la sociedad moderna. Vivimos en una época en la que los hechos y el conocimiento se suceden de forma vertiginosa, sin apenas existir un tiempo de digestión intelectual. La mayor parte de la cultura es simplemente cultura de entretenimiento, perfectamente lícita y necesaria en un mundo lleno de estrés y ansiedad, pero insuficiente en lo que se respecta a la formación de una sociedad con valores y capacidad de libre pensamiento.

      Esa velocidad de transmisión de datos también provoca una saturación cultural y está ligada al propio modelo productivo que comprende la productividad como una actividad que produce un rédito económico inmediato, nunca como una actividad que produce un bien social o que fomenta el desarrollo personal.
      Es por ello que el arte y la cultura son vistos como objetos de consumo a modo de comida basura, de usar y tirar. Esta percepción provoca que la valoración del arte en la población sea aún menor, redundando también este factor en la propia valoración sobre los trabajadores del ramo artístico.

      Una vez encontrado el problema, lo primero que tenemos que comprender es que el modelo productivo debe cambiar. Vivir inmersos en un modelo obsoleto sólo puede acarrear la degradación del ámbito profesional de la música. Todo cambio sistémico conlleva un período oscuro, pero debemos hacer conscientes a la población y a los trabajadores de la música de la necesidad de ese cambio de sistema o de modelo.

      También tenemos la obligación ética de luchar contra la asociación mental que establecemos entre la palabra productividad con "beneficio económico". Es necesario que todos comprendamos que la productividad puede darse de distintas formas. Bach ha sido mucho más productivo para la historia de la música y de la propia humanidad que Justin Bieber, y sin embargo su nivel de ventas y el rédito económico que ha producido es mucho menor. Son productividades diferentes, que deben coexistir y complementarse.

      Por otra parte, debemos insistir en un modelo educativo que ponga en valor el esfuerzo, el trabajo y el sacrificio de toda profesión, y hablando del campo al que nos referimos, especialmente de la música. Se trata de una actividad que implica un sacrificio y una rutina, así como el compromiso de mantener esa actividad a lo largo del tiempo. Estos son valores necesarios para la sociedad y no deben ser vistos como un "trabajo para vagos".
      El modelo educativo debe también hacer hincapié en la enseñanza de la música en escuelas e institutos, pues está probado su carácter beneficioso para los alumnos, el mayor desarrollo emocional que se produce en el estudiante, un aumento de la creatividad, así como una mejoría en la expresión de las emociones. Influiría, también, en un mayor interés por la cultura.
      Debemos fomentar el respeto entre los distintos trabajadores y comprender que trabajo no es únicamente aquello que produce dinero de forma inmediata o que se parece a los cánones de los trabajos mayoritarios. Es necesario también que España, Europa y Latinoamérica homologuen títulos oficiales equiparables a cualquier otro título universitario en lo que se refiere a la música moderna.

      El aprendizaje de la música como entretenimiento como hobby se puede realizar perfectamente con profesores particulares titulados, pero la música profesional debe tener un enfoque institucionalizado y apoyo desde los gobiernos, con derechos laborales que sean respetados. Existen diversas carreras, incluso incluídas en el Plan Bolonia, que el Gobierno de España se niega a aceptar como formación oficial. Es por ello que se requiere una inmediata rectificación por parte de los responsables a cargo de la homologación de títulos universitarios o de formación superior.
      Esto no entra en conflicto de ninguna forma con el hecho de que existen creadores especialmente dotados que no necesitan o no han tenido la oportunidad de recibir una enseñanza reglada. Pero, al igual que los demás, han trabajado duro y no viven únicamente de su talento. También ellos deben ser reconocidos como creadores artísticos y valorados socialmente, al margen del plano curricular, que entra en una deriva completamente diferente.
      Debemos distinguir aquí entre músicos como intérpretes (incluídos los "improvisadores" que no crean canciones nuevas), docentes musicales, creadores, técnicos de sonido, ingenieros... desde un punto de vista profesional. Salvo la docencia, la mayor parte de los campos están abiertos al desarrollo de una actividad como afición para la autorrealización, pero hemos de solucionar primero este concepto elitista y capitalista del trabajo y la precariedad en la que los músicos se ven atrapados.


      Por último, se ha de tratar también un asunto muy grave que afecta a toda la comunidad musical, y es la falta de seguros laborales y la incompatibilidad con un régimen laboral normal. Muchos músicos son trabajadores "de a días" o temporeros, pero sólo para poder trabajar durante 10 conciertos, tienen que ensayar durante meses, y eso no cuenta a efectos de la seguridad social. Es un asunto legal en el que no nos explayaremos, pero los músicos requieren la creación de sindicatos fuertes que defiendan sus derechos, algo que nunca ha ocurrido, y de un sistema alternativo a los regímenes de la seguridad social habituales que defiendan la labor de un trabajo tan respetable como cualquier otro.


      Firma esta petición en Change.Org si estás de acuerdo con el manifiesto AQUÍ.

      https://www.change.org/p/ministerio-...o-trabajadores

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      Comentarios 1 Comentario
      1. Avatar de Zhysick
        Zhysick -
        Firmado, compartido y apoyado al 100%!!!

        No podría estar más de acuerdo...
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