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      Armonía Musical


      MEJORANDO EL FRASEO

      El silencio como forma musical

      Por Manuel Báez.


      Introducción

      Hoy vamos a hablar de uno de los elementos menos estudiados en la música moderna: el silencio.
      Para ello, explicaremos qué entendemos por silencio, así como las vertientes principales del uso del silencio, como forma estética (cómo el silencio puede cambiar el sentido de una frase, un lick, un ritmo...) y como forma técnica (técnicas para silenciar notas y figuras principales en los silencios).

      Entendamos el silencio como si se tratara de una nota más, capaz de atraer nuestra atención, de realzar una pasaje de un solo o de alterar un riff hasta conseguir que sea cortante y seco. El silencio crea pasajes de belleza prístina, nos conmueve, o nos aterra.
      Los mejores músicos a lo largo de la historia han sido maestros en su uso, siendo el silencio una de las barreras intangibles que existen entre el nivel de unos músicos y otros, en su capacidad de transmitir o de generar la sensación, tan perseguida, de un fraseo coherente, único y a la vez reposado y natural.


      Estudio del silencio en la historia


      El silencio fue profundamente estudiado en la época de la música clásica, y es una de las piedras angulares de músicos tan dispares como David Gilmour, Richie Kotzen, Stevie Ray Vaughan, Beethoven, Coltrane, Miles Davis, Michael Jackson, Rachmaninoff o Yann Tiersen.
      Sin embargo, por norma general su estudio no se aborda, o se hace una forma muy superficial, en los tratados de música moderna o en los tutoriales que abundan en la red. El silencio es estilo, es la identidad de un guitarrista. Un silencio corto y abrupto, es la señal de identidad de gran parte de los músicos de funk, pero también de quienes tienen influencias clásicas, como podría ser Richie Blackmore.
      Pero hoy en día, sobre todo en maquetas de grupos noveles, LPs de grupos de metal, discos de pop no demasiado cuidados... el silencio ha pasado, no a un segundo plano, si no a un plano prácticamente inexistente.
      En el albor de la guerra entre los que preconizan la velocidad y quienes la satanizan, el silencio se confunde con tocar lento y, a su vez, tocar rápido se confunde con no saber hacer uso del silencio, pero la realidad es que éstos elementos tienen poco o nada que ver. Un solo de Dream Theater, como el del célebre tema "Take the Time", puede estar lleno de silencios que dan vida y centran nuestra atención en diferentes secciones. A veces, simplemente se busca romper con una dinámica o establecer un corte, una forma de respirar.



      La importancia de los silencios


      Hacer caso omiso de la importancia del silencio es un error común en los músicos que se encuentran en un proceso formativo, pero hay multitud de buenos intérpretes que caen en la misma trampa. Muchas veces, el fraseo de un guitarrista es coherente, limpio y con elementos rítmicos de gran interés, sigue la armonía y tiene estilo propio e incluso puede tener un gran vibrato y buenos bendings, pero nos falta "algo". En gran parte de las ocasiones, ese algo consiste en saber callar en el momento justo.
      Además de los casos particulares de la guitarra, el silencio es aplicable a todos los instrumentos, incluyendo la batería o la voz, así como al conjunto de una canción o una obra, formada por la interacción constante de los diversos instrumentos. Nuestro silencio no es un simple parón que deja morir el sonido, sino que en un momento determinado, puede realzar otro elemento del discurso musical (como podría ser el bajo, la voz...). El silencio es un todo con la música y sirve para expresar tanto como un vibrato, lo que lo convierte en un recurso emocional básico. Forma parte del fraseo de un guitarrista, que generalmente desarrollará un uso particular del silencio en diversas situaciones, al igual que lo hace con las escalas o los arpegios
      La analogía música-lenguaje refleja perfectamente la importancia del silencio. Si la música es un lenguaje o puede ser equiparada a un discurso hablado o escrito, el silencio podría servir para establecer pausas o respiración, para separar ideas y conceptos, o para causar una emoción determinada.
      El lenguaje demasiado pausado puede resultar aburrido y monótono, de la misma forma que un discurso atropellado y sin pausas resultaría incomprensible y sería agotador, tanto para el oyente, como para el propio ponente.


      Uso de los silencios


      Existen muchos usos a partir de un silencio, además de disponer de diferentes figuras de silencio que quienes dominan el solfeo rítmico conocen a la perfección, y que pueden ser conocidas de forma intuitiva por quienes no lo dominan.
      Como ejemplo, podemos usar el silencio para remarcar un lick o una frase que hemos realizado, dejándola reposar para que el oyente la asimile, al igual que podemos preparar el inicio de otra frase y generar expectativa. También permiten dar énfasis a una nota que permanece flotando, algo ideal cuando buscamos destacar una resolución o una tensión. El silencio, en sus diferentes formas, puede ser claustrofóbico, melancólico, optimista, luminoso, intrigante...
      En sí mismo, constituye todo un arte con diferentes disciplinas. Desde aquel guitarrista que hace silencios para dar un ritmo tranquilo a su fraseo, como el que lo hace para ser más cortante y generar una ruptura emocional en los oyentes.

      Se dice que somos esclavos de nuestras palabras, y esa esclavitud es extrapolable a las notas. Tocar sin callar no es una cualidad deseable, y callar no implica no tener ideas. Es el silencio lo que articula nuestro lenguaje musical y dota de importancia a las notas, realzándolas, generando expectativa o pausa, permitiendo que una melodía genere la sensación de ser una voz expresando ideas o emociones.
      Los mejores pasajes en la historia de la música han hecho gala de un magistral uso del silencio. Los mejores intérpretes saben utilizar el arte del silencio en la misma medida que saben utilizar la técnica. Un análisis pormenorizado de grandes obras nos muestra que una pausa, en un contexto adecuado, refuerza nuestro lenguaje y precisamente por estos motivos, el silencio se convierte en una de las señales de identidad de los músicos. Al igual que en el lenguaje hablado, el silencio puede ser una pausa corta y casi imperceptible, o elevarse por encima de la duración de una nota prolongada.

      Desde el punto de vista técnico, el silencio se puede estudiar con la figuración del solfeo y ser tratado como cualquier otra nota en cuanto a la duración, desapareciendo el factor de la intensidad. Corcheas, negras, tresillos, calderones...
      Evidentemente, esto conlleva un desarrollo, un estudio de la técnica en el que sería interesante implicar a nuestro amigo el metrónomo. Podemos también aplicarlo sobre bases o backing tracks, llegando a controlar a la perfección las diferentes figuras y abriendo nuestra mente a usos diferentes que pueden terminar siendo la muleta sobre la que nos apoyamos para subir varios peldaños en nuestra calidad como músicos. Aquí os dejo una tabla con las figuras de solfeo que se corresponden con la duración del silencio:

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      El silencio además genera nuevas formas y conceptos, como los contratiempos, muy utilizados en jazz y progresivo, que se basan en el uso del silencio en los tiempos fuertes y la ruptura del silencio en los débiles, dotando de mayor importancia al tiempo débil y generando una sensación de "salto" rítmico, de desplazamiento. Hay elementos de gran interés como el staccato, que es un silencio cortante tras una nota acentuada, el muteo, que permite tocar notas silenciadas a gran velocidad o realizar silencios muy rápidos de figuras más cortas, como se hace en el funk.

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      Os propongo un interesante ejercicio para dominar esta práctica. Con una backing track un truco de interés es empezar tocando sólo un tipo de figuras (todo negras, todo corcheas, todo tresillos, todo a ritmo de shuffle...) y respetando esa norma también para los silencios. Que cualquier silencio que hagamos sea únicamente con esa figura. Comprobaréis así que tocar a tresillos y hacer silencios de tresillo os abre nuevas posibilidades, como ocurre con las semicorcheas.

      En cuanto al enfoque más técnico, debemos tener en cuenta variables técnicas en ambas manos a la hora de acortar o silenciar notas. Solemos llamar "apagadores" (y no tiene nada que ver con el dispositivo para apagar luces de Harry Potter) a las manos que ejecutan el silencio. Es bueno conocer las diferentes formas que tenemos de silenciar notas.
      Por ejemplo, la mano de la púa se puede usar para apagar o mutear la reverberación de un sonido apoyando la parte interior y lateral externa de la palma de la mano (palm mute), que no es otra cosa que aplicar el silencio (este uso del silencio es clave para entender el hard rock y el metal). Esa técnica, conocida como Palm Mute, permite hacer series sucesivas de notas cortadas, que provocan el efecto contrario al legato, que busca conectar las notas permitiendo que éstas fluyan.
      En cambio, la mano del mástil permite relajar la presión de las cuerdas, o posarse sobre ellas sin llegar a permitir que suenen. Incluso, colocar un dedo con una inclinación tal que permita apagar una cuerda adyacente cuando ésta realiza un sonido que queremos apagar, aunque eso pertenece más al apartado técnico de los apagadores, que ya repasaremos en otro artículo.
      La mano de la púa también puede apoyarse en una cuerda con la palma o con la propia púa, matando una nota. Yo tiendo a apoyar la púa en ciertos bends, para cortar el sonido de forma brusca. En otras ocasiones, bastará con dejar morir el sonido de la nota o, por qué no, de usar el potenciómetro o un pedal de volumen para generar un efecto determinado mediante el silencio. Podemos establecer un silencio de forma gradual o salir del silencio poco a poco, con un sonido in crescendo. Las opciones son múltiples, y si nos paramos a pensar en ello, nos daremos cuenta del alcance de las posibilidades.



      Ejemplos prácticos de uso del silencio


      Por último, vamos a ver una serie de ejemplos prácticos basados en temas conocidos, a partir de los cuales comprenderemos mejor el uso práctico del silencio.


      Joe Bonamassa, Stop


      Bonamassa es un clásico contemporáneo del blues y el rock. Un fraseo fluído, un estilo propio que no necesita utilizar una armonía excesivamente compleja (menor natural, pentatónicas, frigia dominante, dórica y no mucho más), pero que eleva la expresión a la categoría de obra maestra en cada solo.
      Proponemos el primer solo de guitarra del tema Stop, una versión que Joe lleva a su terreno de forma exquisita.
      El primer ejemplo viene en el segundo 00:06 del tema. Un silencio que corta un bend, dando la sensación de haber concluido el primer lick, permitiendo que nos centremos en esa introducción, pero a la vez, generando interés sobre lo que viene después, y dando a entender que que el lick es parte de una frase. Si hubiera dejado morir el bend o hubiera hecho un silencio más prolongado, la frase estaría acabada y resuelta, pero en su lugar elige ese corte abrupto, que hace que el bend flote en el aire dominándolo todo.
      A partir del segundo 00:12 establece una serie de pausas que hacen de separación entre 3 o 4 licks cortos. Precisamente, esa sensación cortante provoca que tengamos sensación de velocidad, de un movimiento vertiginoso, y permite que el pasaje respire. Si lo hubiera tocando enlazando cada nota, con ligaduras de tiempo, sonaría mucho más típico. Menos de 30 segundos de solo, pero la sensación es la de haber vivido una historia con elementos diferenciados, gracias al uso del silencio.



      Toto (Lukather), Georgy Porgy, concierto de París


      En este tema podríamos hablar también de la introducción de piano, con varios cortes que provocan la sensación de dos voces interactuando (pregunta-respuesta, un clásico del blues), pero nos centraremos en la improvisación de Lukather, simplemente genial, que va precedida de una serie de silencios rítmicos que aumentan la sensación rítmica (2:28 a 2:38), un recurso muy utilizado en la música de baile y que es interesante pararse a escuchar. En progresivo, ese sentido rítmico de interrupción constante es un clásico, y hoy en día también se utiliza muchísimo en estilos como el djent o el mathcore.
      En el 2:46, tras una frase más larga y sin interrupciones, Steve utiliza un silencio corto, que replica sobre el minuto 3:07. En ambos casos, esos silencios permiten que el fraseo, que es continuado y sin apenas pausa, respire y avance hacia nuevas frases. Son los únicos silencios en un pasaje que dura nada más y nada menos que 50 segundos. Apenas 2 segundos de silencio en todo un solo que evitan que caigamos en la monotonía o la precipitación. Son silencios necesarios, y muy bien ubicados.




      Ska-P, El Vals del Obrero




      El Ska vive de uno de los principales usos del silencio en la guitarra, el contratiempo. El bajo y los elementos percusivos se encargan de dotar de contenido a los tiempos, mientras que la guitarra se encarga de llenar todos los contratiempos. Son contratiempos regulares y constantes, lo que genera la impresión de un acento desplazado del ritmo natural a lo largo del tema, salvo en los estribillos.
      Es precisamente esa regularidad la que hace que el contratiempo sea un clásico en los ritmos, utilizado frecuentemente. Pasa de ser algo inesperado, a convertirse en una entidad en sí mismo, en una parte formal del estilo (pasodobles, reagge...). Es fundamental en la música latina.





      Guthrie Govan, Larry Carlton Style




      Govan es uno de los músicos más laureados de los últimos años, por su gran balance a la hora de imprimir su sello, con toque de rock-blues, y armonía de jazz fusión, en cualquier estilo. Sin embargo, también es un maestro en el uso de las diferentes figuras, y lo mismo ocurre con el silencio.
      Nada más empezar este solo, en el segundo 00:05, realiza un ataque acentuado seguido de un silencio. Como ocurría con Bonamassa, ese corte abruto despierta nuestra atención y nos saca del ensimismamiento. Es un aviso de que está por venir algo diferente a lo esperado, con escalas y alteraciones que precisamente alcanzamos a escuchar con mayor atención gracias a esa pausa.
      Entre los segundos 8 y 10 hace unas pausas cortantes de nuevo, que se mantienen aproximadamente hasta el segundo 20. Esas pausas marcan más las notas, acentuándolas sin necesidad de aumentar demasiado la dinámica con la púa. Sería similar a hablar con frases muy cortas y expresivas.
      Tras un fraseo largo y con muchas notas, sobre el segundo 28 hace una pausa que tranquiliza el ritmo y establece de nuevo un cambio, a un fraseo menos continuado y más pausado. De ésta forma, también marca la diferencia entre las diferentes secciones y su desarrollo musical.
      A lo largo del tema podemos ver que es común en Govan la separación de frases o concatenación de licks con pausas de negra o corchea, mientras que utiliza el staccato para generar esa sensación de disrupción, diferenciando mucho las frases más largas de las cortas.





      Dream Theater, The mirror



      En este gran tema de la banda de metal progresivo más conocida del planeta, destacamos el riff inicial, un clásico. Un riff que utiliza el palm mute, silenciando las notas, pero que, al contrario que la mayor parte de los temas, permite que la última nota reverbere antes de morir. Este silencio, cortante, pero más gradual, genera sensación de percusividad, por lo que el tema gana contundencia. El sonido es casi como un golpe que permanece, generando la impresión de fuerza. Si el palm mute hubiera sido más cerrado, el silencio sería más abrupto, por lo que la sensación sería menos explícita.


      Conclusión:

      El silencio es un recurso tan importante como cualquier otro en la música. Pensando en qué queremos transmitir, o analizando cómo lo usan nuestros músicos favoritos, podemos estructurar nuestro discurso con mayor claridad, evitar caer en la monotonía o la precipitación. Siempre que tocamos, debemos tener presente el silencio como un buen amigo.
      Es crucial que comprendamos una importante lección en la música: nuestros silencios hablan por nosotros, y muchas veces, dicen más que todas las notas de una frase.

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