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    • Crítica: Korn - The Serenity Of Suffering Flipboard

      aficionados a la construcción ¿cuantos andamos por aquí?-korn-serenity-suffering.jpg

      Disco de la semana

      Por Manuel Báez.

      En octubre del presente año la banda de Jonathan Davis publicaba The Serenity of Suffering, un disco (a la postre genial) que no despertaba muchas expectativas a priori tras el viaje a ninguna parte de una banda que había perdido identidad, miembros, garra, y que parecía no encontrarse a sí misma, salvo en la voz del citado Davis, uno de los mejores frontman del metal desde los años 90, con un timbre característico que cualquier no iniciado podría reconocer a primera vista.

      El coqueteo de Korn con los sonidos electrónicos, y la falta de estribillos pegadizos, se sumaban a la conciliciación fallida de los efectos de sonido característicos en las guitarras, las secciones más oscuras y los riffs poderosos con otros apartados suaves y ambientales. Sin embargo, The serenity of suffering ha despejado cualquier duda, siendo la mejor obra de Korn en casi 20 años, desde la publicación de Issues, en 1999.

      Este disco es la antítesis de los errores cometidos (lógicos en una banda de su trayectoria, con el cansancio y el agotamiento creativo que eso conlleva) en los últimos trabajos y, en cierta medida, la exacerbación de las virtudes de los últimos años y el período inicial de Korn. Hay un componente electrónico que deriva de su LP The Path of totality, pero en lugar de ser el componente principal de la composición se ha convertido en un elemento secundario que se suma a los efectos de guitarra de obras como Freak on a leash e Issues.

      De discos como Untouchables quedan los elementos pausados y más oscuros, así como las secciones a medio tiempo, pero el encaje es perfecto, si que en ocasiones la banda parezca más Depeche Mode que los propios Korn, sino integrándose en el conjunto de las canciones, generando un equilibrio que hace de cada canción y cada porción de la misma algo único. Incluso las guturales y su uso, que recuerdan a los discos Korn y Freak on a leash no son forzadas ni tienen el estilo de los años 90, sino que son una conjugación de elementos que generan un disco perfecto. También encontramos la crudeza de Life is peachy, aunque las reminiscencias son menores en este caso.

      Quizás uno de los mejores ejemplos es Rotting In Vain, una canción que comienza con esos tintes de electrónica y que juega con voces más melódicas y un estribillo antológico que difícilmente se va de la cabeza, para luego entrar en una sección con guturales oscura con un riff simple pero que se clava como un puñal. La oscuridad domina el tema, con los clásicos efectos de whammy y desafinaciones al estilo más clásico de la banda, es puro Korn, pero a su vez el estribillo apunta el contrapeso que hace que el tema esté en la cresta de la ola en todo momento.


      Take me es otro buen ejemplo, con un estribillo menos definitivo, aunque termina por calar (muy Untouchables en los medio-tiempo) pero con una construcción como tema perfecta y la duración exacta. El tema es cortante, contundente y muy crudo, como en los últimos trabajos de la banda, pero la melodía de voz es mucho más rica y variada.


      Insane, otro de los singles con videoclip incluído, podría haber sido uno de los singles de Issues. Los efectos son muy parecidos, con guitarras que suenan como pianos con Chorus y una armonía depresiva, pero de nuevo el estribillo es cantable y encaja a la perfección. Pocas guturales, pero en los momentos exactos, para lograr "leventar" la atmósfera del tema, además de un meritorio trabajo de coros, que sin fijar la atención o desviarla de los elementos centrales aportan una nueva dimensión al tema.


      Black is the soul
      se descubre como una de las "baladas" o medio tiempo de The serenity of suffering tras un comienzo fulgurante. Uno de esos temas que transmiten, con una melodía de voz que se arrastra como la oscuridad del alma, implacable, y que crece exponencialmente hasta alcanzar uno de los momentos más brillantes, un estribillo que podría haber firmado cualquier banda de cualquier época. El tema rompe su estructura antes de finalizar, justo cuando el estribillo podría ser demasiado repetitivo, con una sección mucho más agresiva, para luego decaer con suavidad, transportándonos en un sueño que nos mece hasta alcanzar de nuevo el estribillo.


      A different world, con la colaboración de Corey Taylor, vocalista de Slipknot y Stone Sour, ha sido escrito en gran parte pensando en el cantante americano, lo que queda de manifiesto por su parecido con temas de la banda de los enmascarados. Probablemente esté un paso por detrás de otros temas del disco en calidad, pero de nuevo la estructura juega a su favor, rompiendo en un estribillo y una sección instrumental que otorgan mucho más interés a un tema que, en cualquier disco menos inspirado de Korn, no pasaría de ser un mero relleno y que, aquí, con inteligencia y buen hacer, se convierte en una gran canción llena de colchones atmosféricos y que logra transmitir.


      Die yet another night, tras un comienzo que recuerda a Tool pero que conserva el estilo Korn por la melodía vocal, es una construcción sólida sobre un riff como patrón que alterna los efectos de sonido con una dinámica baja para ir rompiendo en momentos específicos, pasando de una guitarra casi limpia con otra saturada a una distorsión que explota justo cuando lo deseas. No da pie al cansancio, y el estribillo es de nuevo una auténtica genialidad, con la voz de Davis jugando constantemente con la afinación. Además, me gustaría destacar cómo se mueve por terrenos ajenos a Korn (hay una sección vocal que me recuerda a System of a down) para luego hacer un riff casi thrasher que desemboca en una preciosa sección melódica. Es uno de esos temas "no singleables" que convierte un disco "bueno" en una obra maestra. Preciosos detalles instrumentales y el juego con efectos, medido y de fondo, en la sección en la que la dinámica baja a ras de suelo.


      Otros temas como Next in line, con una estrofa agresiva que enlaza con un estribillo más suave, o Please come for me, que juega con súbitos cambios en la armonía de la voz terminan de crear una obra casi perfecta que gran parte de la prensa americana ha calificado como de notable alto/sobresaliente. Cualquier tema de este disco está a la altura de los mejores temas de los LPs de los últimos años de Korn.

      No podemos más que reconocer que, de forma totalmente inesperada, Korn lo han vuelto a hacer. Un disco que nos descubre matices y elementos en cada escucha, que vuelve a situar a la banda americana al nivel de superestrellas y que además nos recuerda lo tremendamente genial que es Jonathan Davis. Nunca tiendo a puntuar un disco, pero sin duda, mi nota sería un sobresaliente. Junto a Korn, Freak on a leash e Issues, y por encima de Life is peachy, The serenity of suffering es una de las grandes obras de la banda.

      Larga vida a Korn.

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