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    • ¿Son el rock y el metal machistas? Flipboard

      Artículo: Pain of Salvation, la catarsis del progresivo-machismo_metal_rock.jpg

      Artículos de opinión y ensayos
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      Por Manuel Báez.

      Quizás la pregunta está mal formulada, pues ningún estilo musical tiene una ideología o prejuicio concreto, sino que más bien se basan en la contextualización histórico-social del estilo, en la influencia de las estructuras sociales y los estatus sobre los músicos que escriben/componen, y en la llamada "mente grupal". En el marco actual, en un mundo globalizado y con la industria haciendo y deshaciendo a su antojo y creando y enterrando tendencias artísticas, es evidente que la mayor parte de los artistas dirigen su mensaje de una forma más global y menos íntima que en el pasado (salvo excepciones).

      Por ello, creo que más que hablar del machismo de un estilo particular, deberíamos hablar del machismo de la sociedad, aunque ese tema ha sido abordado en innumerables ocasiones.
      ¿Por qué, entonces, hablar del machismo en el mundo del rock y del metal, y no del existente en estilos aún más mainstream, como podrían ser el reagguetón o el pop? Porque, a diferencia de esos estilos, el rock es un movimiento social y contracultural que surge como ruptura con lo establecido, con una generación conservadora (especialmente en USA y UK), con hábitos de injusticia social arraigados - no olvidemos que el rock viene del blues, y este se rebela contra el esclavismo y normaliza la vida de los afroamericanos como iguales en los EEUU del appartheid-, y reprimida sexualmente. El metal, a su vez, es un grito de rabia que se opone al antibelicismo de los movimientos hippies de los 60 y que convierte la protesta pacífica en una expresión violenta, irreverente, que no da su brazo a torcer. 2 caras de la misma moneda.

      Precisamente por todos estos motivos es incomprensible la deriva del rock y el metal en el plano social y su escasa relevancia en materia de igualdad a lo largo de las últimas décadas. Parece que de la liberación sexual de la mujer hemos pasado a su transformación en objeto sexual y su depreciación. De la garra de Janis Joplin, que se rebela contra un rol de género supuestamente inmutable, y el grito sobre el escenario de una Doro que se sabe tan capaz o más que cualquier cantante masculino de metal, a las críticas de los fans de las bandas por las incorporaciones de mujeres, la creación de "bandas de chicas" que en muchos casos no están compuestas por músicas, sino por modelos, o el estancamiento absoluto en las letras y el marketing del mundo del rock.

      Si repasamos la historia del rock, ha existido un fuerte componente machista a lo largo de sus años, aunque el contexto haría ver que nunca como ahora. El concepto de groupie, que no es más que la sexualización de la mujer sin concebirla como un ser con entidad propia, estaba enmarcado en una época en la que decir "orgasmo" o "sexo anal" eran tabú para las mujeres (no así como los hombres). De pronto, las mujeres deciden que están orgullosas de su sexualidad, que no le tienen miedo, y que son dueñas de sus propios actos.La forma de actuar posterior, sexualizando a la mujer y presentando al hombre como "macho dominante" es a la vez machista (porque las mujeres siguen siendo tratadas como objetos, en un plano de desigualdad), pero debemos entender que busca de forma tímida la libertad de acción de la mujer para con su sexualidad, comprendamos pues su contexto histórico.

      Sin embargo, este despertar sexual que parece introducir un tema tabú en la música (el machismo) pronto cae en el olvido, con la incorporación de los clichés hiperbólicos que transformarán la escena del rock y el metal en un escaparate donde la imagen, el contenido y el continente venden precisamente lo contrario a los principios del movimiento contracultural: estereotipos.
      Rockeros musculados, con rostro malcarado y mirada amenazante, rodeados de mujeres semidesnudas. Modelos femeninas que lavan coches o suspiran por el cantante del grupo, letras que versan sobre la conducta dominante. Una forma de vestir estereotipada que se ajusta a los cánones de una nueva industria y la mujer como objeto artístico-decorativo, nunca como sujeto activo. El problema no es que las mujeres vistan de una forma determinada (sexualizada) sino la abismal diferencia entre la imagen femenina y la masculina en videoclips, y el carácter escasamente protagónico de la mujer en la escena musical.

      Llegamos así a un problema clave. ¿Por qué las mujeres siguen siendo parte pasiva en el mundo del rock y del metal? ¿Cuántas "rock star" femeninas podemos recordar y cuántos hombres? No deja de ser una consecuencia lógica de la parafernalia que ha rodeado en su evolución a buena parte del mundo del rock y del metal pero, ante todo, esto no puede entenderse sin pensar en las críticas internas a las mujeres que deciden dar el paso y tocar un instrumento, sexualizándolas o banalizando su interés, reduciéndolo a la mínima expresión.

      El juicio hacia una mujer que toca en una banda de rock o metal es muy diferente al de un hombre que desempeña la misma actividad teniendo en cuenta el componente de calidad. Y, aún cuando éste viene acompañado de una discriminación positiva, ésta suele serlo por motivos igualmente machistas. Por ejemplo, una mujer que toca la guitarra y que según los cánones de belleza actuales es socialmente atractiva, siempre será juzgada por éste hecho y criticada por el mismo. Es más, en algunas ocasiones, cuando sea discriminada positivamente por motivos industriales (menos calidad, pero más capacidad de "vender" una imagen sexualizada) su imagen estará por encima de su capacidad o su desempeño profesional. Las promos y los comentarios de los fans suelen focalizarse en el polo de belleza física, con lo que se presta menos atención a la evolución o desarrollo profesional.
      Una mujer que no entra en esos cánones será criticada precisamente por ello, aún cuando su desempeño profesional sea superior al de muchos hombres. Además, diversos grupos con mujeres en algún instrumento o liderados por mujeres son criticados precisamente por este hecho. Son recurrentes las frases como "el rock es para hombre", "el metal no es para mujeres", "esa canción es de maricas"... perpetuando un estereotipo conservador nada deseable en un movimiento contracultural que se ha transformado paulatinamente en una parodia de sí mismo.

      Actualmente, a los grupos de metal que tienen una integrante femenina se les pone la etiqueta de "chocho metal", tremendamente ofensiva y preocupante por los prejuicios que representa. Además buena parte de la prensa enfoca las entrevistas o las crónicas en el aspecto físico de las integrantes de las bandas, desatendiendo la crítica musical.
      Es también común el comportamiento de acoso (basta entrar en foros de música o redes sociales), el estereotipo en la imagen (una chica metalera "tiene que" vestir con cuero ajustado para "verse sexy"), o los micromachismos de los que los músicos y aficionados apenas nos percatamos por pura costumbre. MIradas desconfiadas del público o los promotores al ver una chica a la batería o en la guitarra, mujeres a las que se anima a tocar el bajo porque "la guitarra es difícil" (obviemos que cada instrumento tiene su propia dificultad), o la petición expresa y manifiesta de que las mujeres de la banda vistan con menos ropa.
      Todo esto no hace sino perpetuar una imagen de tremendo atraso y falta de conciencia social en un mundo en el que parece que las mujeres vienen para ser las "novias" de los músicos o las groupies de la banda. Olvidamos que, ya por los años 50 y 60, mujeres como Etta James, Joan Báez, Patty Smith o Janis Joplin demostraron que el rock y el metal no son "estilos para hombres", sino que deben representar el espíritu de la igualdad y la reivindicación social, ser la voz de quienes creen que el mundo puede cambiar y ser diferente.

      ¿Deben el rock y el metal olvidarse de la sexualización o el tratamiento del sexo? No es necesario, en absoluto. Pero deben tomar ejemplo del avance social y abanderarlo, siendo siempre conscientes de que la mujer es sujeto activo de la creación artística, así como parte necesaria e imprescindible del consumo de música.
      Una actitud basada en la guerra de géneros o en el desprecio manifiesto hacia las mujeres conduce naturalmente a la marginalidad de los géneros en el público femenino. Ello deriva no solamente en problemas éticos evidentes, sino en la pérdida de posibilidades. Artistas que dedicarán sus esfuerzos a otros estilos, mujeres que preferirán escuchar estilos con menos estereotipos, etc.
      Al contrario que el reagguetón y estilos similares, el rock y el metal no pueden permitirse ser una moda mainstream. Llevan en su ADN la protesta social, la defensa de los derechos de quienes no pueden defenderse y de la libertad de acción. Y para ello, necesitamos valorar a las mujeres y comprender que la música que amamos no será nada sin ellas y no habría llegado a ser sin ellas.

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