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    • PLAY: El Ocaso de la Música y la Mentira del Espectáculo Flipboard

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      Imagen: IMAGINATION por archanN

      Artículos de opinión y ensayos


      Por Pedro Martínez Alhambra.

      PLAY
      Encerrados en nuestros cuartos a la salida del colegio, cuando el sol entraba por la ventana de esas tardes ochenteras anteriores al estallido de Chernóbil, del fin del mundo, y te sentías el ser más privilegiado de la tierra porque tu padre había grabado un nuevo concierto de Dire Straits en la cinta el día anterior en la radio. Una emoción repentina y súbita tras dejar la mochila tirada en la cocina, al acercarme a mi cuarto y asirla con dedos temblorosos que no atinaban a introducir en el reproductor, un radio cassette, la TDK de 90 minutos plateada, de aleación de metal -¡de las caras, un privilegio tener una de esas!- se resistía. Sin olvidar poner el reproductor en modo "metal", para que el cabezal leyera de forma correcta ese tipo de cintas y no se la cargase -que por lo general estaba en posición normal- en esa época en la que la industría del disco era multimillonaria y en donde la piratería casi no existía... botón de PLAY y dejaba de alguna forma de ser yo para pasar a ser Todo.
      No era consciente de nada en aquel entonces y mi Todo se limitaba a una colección de altavoces conseguidos de coches rotos o tirados a la basura y empalmados a pelo, junto con los primeros leds, mientras soñaba que masticaba circuitos y transistores por las noches y por los días hacía rugir de forma horrible los álbumes o canciones que conseguía grabadas de amigos, primos o la radio: pura delicia para mis oídos, para terror de mis vecinos y mi hermana. PLAY. También descuidado sobre el hecho de ser probablemente el adolescente o preadolescente más odiado entre las viejas del barrio, premio ganado con inconsciencia y tesón audiófilo durante varias décadas, o por aquellas tardes de air guitar modalidad raqueta de tenis, junto a mi hermana y/o amigos del cole y linterna, muchos años antes de que estuviera de moda. Quizá incluso me ganase algún apelativo no demasiado cariñoso.
      PLAY y todo era música en esas tardes donde el tiempo dejaba de existir y se quedaba paralizado, congelado, mientras uno veía pasar delante de sí mundos paralelos, planetas, constelaciones lejanas y cercanas, con la sensación de ser un visitante asiduo de la luna, mi segunda casa, otras emociones, vidas y experiencias grabadas en esas cintas, pequeño gran microcosmos que iluminaba como una luz estroboscópica una vida sencilla, con el viaje mental de la cultura del estéreo.
      PLAY y no hacía falta nada más que escuchar, con los ojos bien abiertos o bien cerrados y dejando volar tu imaginación, para encontrarte junto al público, disfrutando el recuerdo capturado de aquella noche, de aquel concierto, mientras tu madre bocifereba desde la cocina pidiendo que lo bajases -a pesar que a ella también le gustaba-; y lo bajabas a regañadientes, enfadado: querías compartir con el resto de la humanidad aquel sentimiento de trascendencia del alma, con aquellas viejas que no entendían nada, o con el vecino que no había podido grabarlo.
      PLAY y NO habia espectaculo, porque el espectáculo estaba contenido en la propia música. No había nada más que música, y el espectáculo era el resultado de su escucha, de la imaginación que parecía ser el resultado de la unión de tu mente vehiculizada por la mera música con algo mucho más importante y más trascendente que uno mismo. STOP.

      .......

      ¿Cuándo el espectáculo suplantó a la música? es una pregunta que no sé contestar de forma sencilla. Pero vamos a dejar de ser tan "finos" para intentarlo.

      La vida era la libertad de la cinta, y la cinta supuso una singularidad. La manipulación de la radio de decadas anteriores, de cuando sólo se emitía lo que debía escucharse, llegó a su fin. Ni siquiera el vinilo otorgó tanta libertad: el vinilo no podía copiarse y era caro, al alcance de gente pudiente. La cinta fue el primer soporte "pirata" y el que revolucionó la industria, simbolizando de algún modo el paradigma de la libertad musical: un Boom creativo de bandas y grupos que se multiplicaba de forma exponencial.

      La época del CD supuso una nueva revolución. Para esa época el espectáculo audiovisual ya estaba instaurado en nuestras vidas, habiéndose introducido de forma paulatina en la televisión. Y este fue el principio del fin: con los vídeos musicales dejó de imaginarse la música. El espectáculo suplantó a la música y las técnicas de marketing acabaron copándolo todo: la mercadotecnia industrializada de productos de usar y tirar, basados en la generación de estímulos audiovisuales cada vez más "asombrosos".

      Puedo decir que habité una época mágica, donde la tele no era un todo, y en donde la imaginación volaba libre junto con la música, y en donde yo, o más bien la música en si, creaba mi propia, o su propia, pirotecnia. De alguna forma me siento un privilegiado por haberlo vivido, por haber tenido unos padres que me inculcaron el amor por este arte y me dieron la libertad de experimentarlo por mi mismo. Porque la música es un arte antes de nada, no un mercado, ni un espectáculo. Los que hemos conocido y comprendido esto sabemos que la decadencia musical que vivimos es fruto de la preponderancia de un tipo de "espectáculo" vacío, manido, cuando no soez y que inspira a los bajos instintos, y es algo que tiene que terminar si queremos que evolucione el mundo en el aspecto musical. Lo importante es la música en sí, no lo que la rodea ni su envoltorio. No hace falta nada más que la música para que hable por ella misma, para que emocione y se exprese en uno mismo. Dejen de fijarse en la envoltura, en la apariencia y en lo superficial, dejen de usar los ojos y comiencen a utilizar los oídos... dejen de destrozar la cultura musical y su propia industria. Si se fijan bien verán que además el dinero estaba cuando la música se imaginaba, se escuchaba, y era buena.
      El ocaso musical parece ir de la mano del ocaso de los principios y las ideas de la civilización occidental. ¿Será coincidencia o fruto lo uno de lo otro? Respondan ustedes mismos esa pregunta. Quizá el mundo se haya quedado sordo y no sea capaz ya de escuchar ni los gritos.

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