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    • La frustración, el gran enemigo del músico y el guitarrista Flipboard

      Cotilleo sobre fender y su nueva politica de ventas.-frustracion.jpg

      Artículos de opinión y ensayos


      Por Manuel Belial Báez.

      El Olimpo. La morada de los dioses, separados de los seres humanos por una altura que a los griegos se les antojaba inalcanzable. Un mito que, como casi todas las historias antiguas, es una representación de la realidad. Una metáfora de la mortalidad, de la limitación de los seres humanos, pero también del valor, del coraje, de la superación.

      Es innegable que en gran medida nuestra vida viene determinada por las metas que nos marcamos o que nos marcan cuando somos jóvenes. En gran parte definen quienes somos pero, sobre todo, quienes queremos llegar a ser. En el caso de la música, las metas pueden variar con la edad y son tremendamente variables. No es lo mismo querer ser músico (un objetivo que, con un mínimo de talento y esfuerzo, cualquiera puede conseguir, aunque vivir de ello es otro asunto), que querer ser profesor de música, intérprete profesional, compositor, o estrella del rock. Algunas de esas metas dependen totalmente de tu talento y tu esfuerzo, mientras que en otras entra en juego la suerte, contactos y variables incontrolables.


      LA DISONANCIA COGNITIVA

      La cuestión con las metas es que producen lo que llamamos una disonancia cognitiva. Una diferencia entre el estado actual (ejemplo, estudiante de música) y el estado ideal (estrella del rock) que reducimos paulatinamente mediante la consecución de determinadas metas. Es como realizar senderismo por un país, haciendo breves paradas que te acercan más a la meta y recuerdan que el esfuerzo algún día tendrá recompensa. Cada submeta lograda nos motivaría para ir acercándonos a la meta u objetivo último, que es el quienes queremos ser. Esto puede darse también en un músico amateur o sin interés en ser profesional. Un buen ejemplo es cuando alguien comienza a recibir clases con la perspectiva de "tocar como" Van Halen, Steve Vai o Bonamassa. Estos fenómenos afectan a cualquier estudiante, sea cual sea su objetivo final.
      El problema no viene cuando contemplamos el Olimpo desde la distancia, soñando sobre cómo resultaría ser dioses, anticipando una experiencia que no conocemos. Normalmente las metas basadas en expectativas demasiado altas se corrigen a lo largo del tiempo. Todos buscamos trascender, pero podemos revisar nuestra noción de la trascendencia, incluso de la fama. Un guitarrista con prestigio en su ciudad cuyo sueño inicial era ser una estrella del rock bien puede ser más feliz y sentirse más autorealizado que un músico de una banda como Metallica. Un profesor puede empezar queriendo dar clases en Berklee y rebajar sus expectativas para dar clases en una academia, etc.

      ¿De dónde viene pues la frustración que hace que muchos músicos abandonen completamente su actividad? Uno de los problemas puede ser precisamente la incapacidad para resolver esa disonancia cognitiva, para lograr una reducción de la diferencia entre quienes somos y quienes creemos que deberíamos ser. En ocasiones es la propia personalidad, obsesionada con la fama o con la competencia, la que termina llevándonos por un camino equivocado, en el que no disfrutamos lo que hemos logrado, sino lo que no hemos conseguido llegar a ser. Este fenómeno frecuentemente hace que reduzcamos horas de práctica, aumentando más la sensación de imposibilidad de alcanzar la meta. También puede suponer un bloqueo creativo o interferencias en el procesamiento de la información, lo que a su vez produce mayor dificultad en el aprendizaje y una mayor frustración. Es la serpiente que se muerde la cola.

      También puede deberse a una meta poco realista, inalcanzable o que, como hemos dicho, no depende en modo alguno de nuestro esfuerzo. Yo puedo querer ser una estrella de rock, pero fiar todo mi futuro, mi propia imagen profesional o personal, a un objetivo tan difícil, es un grave riesgo. Si esa es mi meta, la disonancia cognitiva será naturalmente alta, no dependerá del desarrollo de mis habilidades sino de mi posición en el escalafón de la fama, y además no me sentiré retribuido mejorando como músico. Es casi imposible reducir la disonancia cuando el objetivo no tiene que ver tanto con lo que estás haciendo (estudiar, desarrollarte) como con los factores externos, porque los pasos en tu formación no te acercan al objetivo, no reducen esa disonancia o distancia. Es claramente un error escoger metas que dependen de terceras personas.



      EL FENÓMENO ÍCARO

      Existe por supuesto otro motivo, menos común, pero igualmente reseñable. Yo lo llamo el fenómeno Ícaro.
      En la mitología, Ícaro, hijo de Dédalo, trató de escapar de Creta, donde él y su padre se encontraban cautivos. Para ello, Dédalo fabricó unas alas con plumas, sujetas mediante cera. Advirtió a su hijo que durante su viaje no se acercara demasiado al Sol, pero éste desoyó su consejo, cayendo al mar y falleciendo al perder sus alas.
      En nuestro caso, el fenómeno Ícaro sucede cuando estamos a punto de alcanzar el Sol o cuando creemos que podemos alcanzarlo, y fallamos o no logramos el objetivo. Generalmente el problema es similar al anterior y depende de las metas, aunque en otras ocasiones termina provocando el abandono de la música cuando puede ser un problema temporal, solucionable.

      De nuevo, si quiero ser una estrella del rock y comienzo a girar con músicos de talla mundial, lo normal es que la disonancia cognitiva se reduzca y comience a tener esperanza. Pero, ¿qué ocurre si no logro dar el salto y encontrarme entre la élite? Depende de cómo lo afrontemos, pero bien podemos caer en la frustración de tener el Sol al alcance de nuestros dedos y perder las alas. Si quiero ser un músico de élite tampoco puedo precipitarme para volar alto, creyendo que lograré mi objetivo en poco tiempo o que avanzaré a grandes saltos. He conocido músicos que han dejado su instrumento cuando todos éramos conscientes de que estaba a un año o dos de ser músicos de élite, simplemente porque su expectativa o su visión de futuro estaba restringida al conseguirlo aquí y ahora. Ellos mismos eran conscientes de lo buenos que eran como músicos, de su capacidad por encima de la media, pero la frustración de rozar su sueño y no alcanzarlo durante meses (más los años de estudio) les derrota precisamente cuando lo tienen, literalmente, al alcance de sus dedos.

      Un revés puede afectar, pero la realidad es que la frustración deriva casi siempre de metas, expectativas y la disonancia cognitiva, que nos impiden disfrutar un camino de conocimiento, en el que cada paso dado debería ser un motivo de ilusión, de regocijo. En ese sentido, somos nuestro peor enemigo, generando obstáculos y barreras mediante nuestra mente, introduciendo un estado mental ilusorio que falsea la realidad por ser tan estrecho de miras que sólo contempla el futuro como una meta única.



      LAS SOCIEDADES INDIVIDUALISTAS

      En un trabajo "normal" esto puede ser un problema, pero por norma general los músicos y los artistas necesitamos el arte. Recuerdo una vez que le dije a una amiga que sentía que moría cuando no escribía, cuando no tocaba. Que eran días grises, en los que mi propio yo, la existencia, no tenía sentido. Por supuesto, es una visión melodramática de la creatividad y la actividad artística, pero el deseo del artista nace, no se hace, y es irrefrenable. Una persona puede tener intereses artísticos, pero la fiebre que te atrapa es algo que, en condiciones socioeconómicas adecuadas, suele aparecer en la pubertad o la adolescencia, aunque aún no esté encaminado.
      De ahí que la deriva en el caso de artistas y, en este caso concreto, músicos, suela estar marcada por las depresiones, por problemas de adicción, de relaciones interpersonales, falta de confianza generalizada... Afecta a la propia noción del yo. Más allá de la disonancia cognitiva, de un estado material o de confianza en una paralela, hablamos de un fenómeno que tambalea las creencias y los cimientos de la propia personalidad, por lo que puede llegar a ser un problema realmente serio.

      Como veis hay muchos motivos que pueden llevar al abandono del instrumento y problemas similares. Pero hay un aspecto que no hemos tratado, y es por qué esto sucede con mayor facilidad en la sociedad occidental. Existen dos conceptos de sociedad (trazando una dicotomía básica y para entendernos, fuera del ámbito de estudio sociológico), la sociedad gregaria/colectiva y la sociedad individualista. Ambas tienen ventajas y desventajas, pero la frustración es un fenómeno que generalmente rige en el ámbito de las culturas individualistas, en las que la noción del Yo impera sobre la noción colectiva, en la que los objetivos suelen determinarse mediante el éxito o el fracaso, no tanto en el proceso. El problema es precisamente que, en nuestra sociedad, la meta está por encima del proceso, que es dejado de lado y considerado en muchos casos como un mal necesario.



      EL PROCESO DE APRENDIZAJE

      Precisamente la debida atención al proceso, a lo que disfrutamos y lo que no, a las pequeñas alegrías del aprendizaje, puede en un momento determinado guiar nuestros pasos y nuestro camino. Puede permitir que nos descubramos a nosotros mismos. Como apunte general, hace 20 años, en mi adolescencia, quería escribir un best-seller. Cuando comencé a tocar, quería algo tan genérico como ser famoso. El paso de los años me descubrió cosas inesperadas sobre mi propia personalidad, sobre lo que me gusta y me hace feliz. Descubrí que dar clases me hacía tan feliz como subir a un escenario, que me importaba más ser capaz de tocar algo de la forma exacta en qué quería, expresando lo que quería, que ganando concursos. Que un concierto con 40 personas paradójicamente es más artístico que uno con 5000. También descubrí que no suelen gustarme los best-sellers. Eso no quiere decir que no haya escrito uno por falta de ganas, obviamente, sino simplemente que no tengo la intención de hacer algo por el mero hecho de vivir en una sociedad en la que lo que importa es ser "el mejor" (a mi juicio, algo imposible), vender más que el de al lado, o que más gente hable de ti.

      El proceso de aprendizaje suele hacernos más sabios, más conscientes de lo que hacemos. Suele ser el verdadero artífice del desarrollo, de la autorrealización. Mucha gente ha logrado sus metas primarias cuando las había dejado atrás, al descubrir que sus verdaderas metas eran otras, y otros han perdido precisamente su talento al supeditarlo al interés de una sociedad individualista y en la que la competencia es voraz y la presión destruye aquello que es diferente. Sartre dijo una vez que mientras escribía para sí mismo, había sido un gran escritor. Fue cuando le importó lo que pensaría el mundo de su obra, al ser famoso, cuando su estilo se resintió según sus propias palabras.

      La fama y el dinero no traen la felicidad; tampoco nos hacen infelices. Pero sí es cierto que si nos dejamos guiar por los objetivos y metas que marca una sociedad competitiva, nos preocupará más tocar mejor que nuestro vecino de local que tocar mejor que nosotros mismos. Nos importará mucho todo aquello que no nos hace ser mejores músicos, que depende del exterior.
      Es precisamente la mezcla de las metas individuales y más materiales con las metas a corto plazo y los objetivos plausibles, con la atención debida al proceso en el que "llegamos a ser", lo que puede convertirnos en grandes músicos sin necesidad de ser infelices y perseguir imposibles, frustrarnos por no ser lo suficientemente reconocidos, o incluso encajonar nuestro verdadero yo artístico por el miedo al "qué dirán".
      Por supuesto debemos aprender a utilizar esa competitividad, ser realistas y conscientes del mundo en que vivimos, pero sin que nos domine y modificando esa motivación a nuestro placer, transformándola en algo positivo. Sólo así lograremos nuestras metas sin perder de vista la belleza de la música.


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