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    • La música, la matemática del sentimiento Flipboard

      Artículo de opinión de Manuel Belial Báez sobre la música, el sentimiento y su relación con las matemáticas.

      Artículos de opinión y ensayos


      Por Manuel 'Belial' Báez.

      La música, a nivel descriptivo y como proceso, es una conjugación de ritmo y armonía que es percibida y analizada por el ser humano en base a diferentes elementos. Algunos, como una sonrisa, son innatos y de carácter biológico (tonos menores, tonos mayores) y otros derivan de la contextualización y lo aprendido previamente por el oyente. Los ritmos son particiones matemáticas, generalmente en múltiplos de 2 (subdivisión binaria) o de 3 (subdivisión ternaria).
      A su vez, la armonía es una relación de notas no demasiado compleja, pero sí intrincada, al establecerse relaciones múltiples entre diferentes variables, que terminan siendo, en la práctica totalidad, variables dependientes sujetas a profundos cambios mediante la interacción. También existe una característica basada en los múltiplos matemáticos (acordes, generados con múltiplos de 3) y de ordenamiento numérico (escalas). La interacción entre las notas es lo que genera un sentimiento, pero a su vez el sentimiento depende de lo aprendido y de las relaciones establecidas.

      En un mismo contexto socio-cultural, una misma canción produce reacciones similares (nunca iguales) en los oyentes. Por supuesto, existe también la variable del condicionamiento. Quien ha escuchado una canción con su pareja en un momento especial puede encontrar sentimientos positivos en un tema de carácter nostálgico o incluso melancólico, mientras quien escuchaba una canción alegre al enterarse de una mala noticia suele estar condicionado para afrontar la escucha con sentimientos similares a los emitidos en el momento de la asociación.

      Por supuesto, esto es un reduccionismo matemático, pero nos hace comprender cómo una relación matemática genera a su vez un sentimiento, y cómo, de nuevo, el sentimiento puede llegar a alterar la percepción de la relación matemática para siempre, estableciendo conexiones basadas en el historial, el contexto y la emoción del sujeto a la hora de escuchar el tema. Dos personas jamás escucharemos lo mismo de la misma forma, lo que nos puede llevar a una reflexión interminable sobre el aislamiento emocional y perceptivo de los seres humanos.

      El desarrollo técnico de los instrumentos suele alcanzar su cénit con grandes instrumentistas y compositores para, a posteriori, caer en una deriva que elimina el componente principal de la música de la ecuación, la emoción y el sentimiento. Algo similar ocurre con los usos armónicos, pudiendo observarse cómo en estilos complejos armónicamente hablando, como el jazz, se pasa de autores complejos (Miles Davis o Coltrane) a autores "complicados".

      En guitarra, la explosión técnica de los 80, con figuras de referencia como Edward Van Halen, Yngwie Malmsteen, Randy Rhoads o Joe Satriani, dejó paso a una etapa un tanto oscura, en la que la técnica era lo único importante, que terminó muriendo por puro agotamiento y dando paso a estilos que reivindicaban la sencillez, como el grunge o el rock de los 90, mucho más desnudo.
      Sin embargo, es evidente la importancia que estos períodos de experimentación tienen en la historia de la música. No podríamos comprender la fusión actual o la técnica de guitarra sin Allan Holdsworth, como no podríamos entender el metal extremo sin bandas como Cannibal Corpse.

      Uno de los grandes problemas con los que nos encontramos, y que suelen hacer de la carrera de un músico un "eterno retorno" nietzscheniano, es cómo conjugar ambos aspectos, el técnico, el experimental y desarrollo, y el emocional. De hecho, gran parte de la equivocada dicotomía feeling/técnica proviene de un mal equilibrio de los diferentes elementos.
      Para un teórico que disfruta de la armonía, el camino puede ser complejo, al igual que para cualquier intérprete con una gran capacidad técnica. Olvidar que nuestra capacidad debe estar siempre al servicio de la emoción (sea ésta cual sea, amor, ira, odio, calma, agresividad, deseo...) puede llegar a resultar muy fácil. Las ganas de demostrar lo aprendido tras un ingente esfuerzo también pueden jugarnos una mala pasada.
      Algo similar ocurre con las relaciones matemáticas entre las notas, la armonía.

      Sin embargo, nunca podemos dejar de lado que la música es emoción. Independientemente del contexto, del estudio, o de la "experimentación" con la psique ajena que supone ser músico, altamente adictiva, hablamos de la matemática convertida en emoción pura. Una herramienta que debe ostentar un equilibrio constante, una homeostasis entre el "ellos" y el "yo". Lo más peligroso para un músico es pensar en qué sienten los demás para dejar de sentir por sí mismo.
      Quizás por eso la mayor parte de los compositores e intérpretes atravesamos diferentes épocas en las que aprendemos y aprendemos para luego desaprender, aunque este concepto no es del todo cierto. Se trata más bien de un "metaconocimiento", un conocimiento consciente que a su vez nos permite centrarnos en la sensación pura y dejar de lado la aritmética que ya conocemos.
      Es casi imposible conocer a profesionales que no piensen en términos matemáticos puros (es común que un músico diga "I - VIm - IV - V" en lugar de C - Am - F - G, o que se refiera a la 7b de una escala), pero la captación de la emoción y la verdadera belleza que hay tras la languidez de una cadencia proviene de la inmersión en el sentimiento.

      A lo largo de los años, yo mismo he caído en el error de centrarme en el mundo exterior, en el intento de crear sensaciones mediante la habilidad adquirida y la experiencia, olvidando que inicié este camino precisamente por cómo una canción podía anegar mi rostro en lágrimas de alegría o tristeza. Como muchos músicos, he experimentado con la técnica llevando mi cuerpo hasta el límite, así como con la armonía haciendo composiciones de gran dificultad y comprensión.
      El problema es que un día te levantas para tocar y descubres que estás vacío y que lo que haces ha perdido interés, porque sólo piensas en cómo hacer sentir, y no en el sentimiento propiamente dicho. Tal vez por eso todos los músicos solemos volver al blues, al alma pura, al rock, al soul, al funk, a un jazz más minimalista... Tal vez por eso, incluso los que permanecen en estilos complejos, terminan mostrando un poso de madurez y siendo felices con su obra, aún cuando el mundo no comprenda el viraje de su carrera.


      Al final, lo que cuenta es lo que tú sientes y lo que tú tocas. Disfruta del viaje.

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