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    • La música y el estereotipo de pobreza Flipboard

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      Artículos de opinión y ensayos


      Por Daniel Acosta.

      No es misterio que en la inmensa mayoría de los países de habla hispana existen panoramas económicos que dejan mucho que desear. Situaciones como el desempleo, la corrupción, fondos mal distribuidos y la economía de un país en los bolsillos equivocados son nuestro pan de cada día. Esto crea un contexto social donde por lo regular nuestros padres nos exhortan desde pequeños a inclinarnos por carreras de “prestigio” tales como ingeniería, medicina, derecho, negocios, entre otras; llegando al punto de hacerse expectativas poco realistas de aquellos que hemos encontrado paz y horizonte en las artes, en especial la música. He visto casos tal donde pareciera no existir la variedad de ejercicios profesionales y nuevos servicios a prestar a los que hoy día muchos jóvenes se dedican, que ya son impartidos en la gran mayoría de universidades de Hispanoamérica.

      Lo que me motiva a traerte el tema de hoy no es más que el cliché o etiqueta social de que los músicos no tienen ni jamás tendrán un nivel de estabilidad económica propio de los estándares de nuestros respectivos países. Con mucha frecuencia oímos el comentario de que “si te dedicas a la música, te vas a morir de hambre”, o que “todos los músicos vivimos en constante precariedad económica”. Por ello, he decidido escribir este artículo de reflexión psicoanalítica, orientado a la situación, mis experiencias y sus probables causas o razones.

      De antemano aclaro que en este artículo no contemplo a aquellos músicos que llevan una vida profesional paralela que les haga tener la música como algo secundario, sino a aquellos que viven única y exclusivamente de la música, y su instrumento es puramente lo que les trae el pan a la mesa. Tampoco contemplé a aquellos artistas de talla mundial que han pegado fuerte junto a una disquera bajo contratos millonarios.

      En diversas ocasiones he oído a la gente decir -y creo que no he sido el único- “no conozco a nadie que se haya hecho rico de la música”. Si bien puedan tener algo de razón viéndolo desde el ángulo donde “ser rico” es tener cantidades inmensurables de dinero; creo que los músicos somos personas con una calidad humana superior a la normal, que nos retraemos de objetivos vanidosos que impliquen impresionar a otros y crearles un cierto concepto de que somos exitosos porque tenemos dinero a montones. Somos personas que para nosotros “ser ricos” es simplemente ser felices y tener lo que necesitamos, tener a nuestros seres queridos cerca, sentir calor humano tanto de nuestros familiares como de nuestra audiencia, y vernos a nosotros mismos viviendo una vida con sentido donde realmente somos alguien en el mundo.

      Entonces. ¿Somos simplemente personas humildes? ¿O justificamos las limitaciones económicas con dichos argumentos mientras las deudas y responsabilidades nos pesan hasta más no poder?


      Diría que un poco de ambas. A todos nos gustaría poder tener una vivienda cómoda en una urbanización segura, un buen vehículo, tener a nuestros hijos en colegios o universidades prestigiosas y darles lo mejor a nuestras familias, de manera que no nos falte nada.

      Esto, por supuesto, no cae del cielo. En esta sociedad en la que vivimos todo, absolutamente todo, se mueve por dinero. Desde el momento en el que comenzamos a tener necesidades básicas, comenzamos a tener facturas, responsabilidades y necesidad de percibir dinero con una cierta fluidez. Y vivimos de una profesión en la cual no estamos particularmente empleados con ninguna empresa sólida, ni tenemos un salario fijo todos los meses; por lo tanto, nuestro oficio nos demanda de una cierta consistencia en nuestro trabajo con el fin de lograr esa fluidez económica que necesitamos. Nos vemos demandados de tener ahorros para épocas bajas o emergentes, y de tener un nivel adecuado de administración financiera.

      Llegamos a un punto clave. ¿Tenemos los m
      úsicos un buen nivel de administración financiera y de ahorros?

      Yo en lo personal no me atrevería a responder esa pregunta de manera afirmativa. Siempre existen sus excepciones, pero la enorme mayoría de los casos los músicos, por muy buenos que sean, resultan ser personas con una colección surtida de malas decisiones, errores y jugadas arriesgadas que no salieron bien. En Hispanoamérica no existe una cultura de prepararse económicamente para cualquier adversidad, o si quiera de planificarse debidamente para un futuro a largo plazo.

      Los músicos por lo regular somos gente de mente abierta que prefiere “disfrutar la vida”, ya que es bien corta, a expensas de la seguridad de nuestro futuro, con lo que sea que este decida traernos.

      Pero aquí es donde la cosa se pone subliminal
      , ya que el concepto que tienen muchos de “disfrutar la vida” comúnmente raya en el desenfreno, arrastrándonos hacia adicciones como el alcoholismo, las drogas, una sexualidad promiscua que puede terminar trayendo crías al mundo de la manera no más apropiada, malas inversiones, y hasta relaciones dañinas que de varias maneras nos afectan a nosotros como personas, como producto que somos, y nos afecta económicamente.

      Entonces lo que me intriga es lo siguiente: A sabiendas de que vivimos en países donde la situación económica ya de por si es mala, y donde ya es difícil sustentarnos nosotros mismos de literalmente lo que sea…

      ¿Qué pasa por nuestras cabezas justo en el momento que cometemos esa clase de jugadas arriesgadas que pueden traer consecuencias de peso en un futuro?

      ¿Visualizamos la situación con la debida madurez antes de tomar semejantes riesgos?

      ¿Realmente sucumbimos tan fácil ante factores como la presión grupal, o el concepto que tengan los demás de nosotros? Me parecería algo irónico…

      Y aquí probablemente la interrogante más importante de la noche…

      ¿Nos estamos manejando debidamente como entes productivos dentro de la música?


      Hace unos años, la solución era puramente formar una banda y salir a tocar donde nos contraten, ya sea en bares, fiestas o actividades; ya sea interpretaciones de canciones conocidas, o de nuestra propia autoría; con la esperanza de que en un futuro estemos en el lugar indicado a la hora indicada para pegarla fuerte a través de un buen contrato discográfico.

      Actualmente, en la música existen una infinidad de métodos tanto para producir dinero como para crear una audiencia. Por mencionar unos pocos ya tenemos a nuestra merced servicios como Soundcloud, iTunes, CD Baby, Reverb Nation, Spotify, Sonicbids, Live Nation, Youtube, YouNow, Facebook, Twitter, Instagram, Google +, lecciones de música online, y páginas web para cooperar entre músicos… En todos los casos hablamos de servicios totalmente gratuitos que podemos usar a nuestra conveniencia.

      Es más fácil que nunca hacernos de una audiencia y de contactos que puedan requerir de nuestros servicios. Es más fácil que nunca interactuar con nuestra audiencia a través de nuestras redes sociales y contenido digital, haciendo que tengamos una relación más cálida con nuestros oyentes, y que nos vean no solo por el producto que ofrecemos, sino por el tipo de profesionales y seres humanos que somos; esto hace que nuestros seguidores tengan una inclinación mayor a apoyarnos y a sacarse la plata del bolsillo por consumir nuestra música.

      La pregunta importante sería. ¿Estamos siendo honestos con nosotros mismos y haciendo un uso inteligente de estos recursos? ¿Realmente nos interesa actualizarnos y salir de la zona de confort para probar nuevas posibilidades y métodos de comunicación y producción?

      Sí, demanda de tiempo, paciencia, y a veces hasta de una cierta inversión económica. Crear contenido no nos sale tan gratis como podría parecer. A primera instancia necesitamos invertir en instrumentos, en una computadora, en equipo de sonido, probablemente hasta en equipo multimedia y un estudio casero, sin mencionar que la creación de contenido multimedia es un arte a parte que debemos aprender a desarrollar si no queremos pagarle a otro por ese servicio, cuando la remuneración para con nosotros puede ser más remota de lo que pensamos. Definitivamente, crear contenido de calidad demanda de preparación y de tiempo. Todo es por un bien mayor, ya que un contenido de calidad con un toque de gracia y creatividad nos puede dar una audiencia más grande de lo que nos podríamos imaginar.

      En otras palabras. Si eres de los que actualmente mantiene la logística de trabajo que mantenías hace 15-20 años, es altamente probable que estés haciendo algo mal. Nada como un auto análisis a conciencia para mejorar las situaciones de la vida.

      Otro punto importante que me interesaba tocar es el tema de la cooperación.

      Desde tiempos inmemorables se ha dicho que las artes se hicieron para compartir, no para competir. La música es uno de los oficios más bellos y humanos del mundo. Es algo que creamos para el disfrute de todos, y para crear sonrisas y descargas emocionales dentro de nuestros oyentes.

      En la actualidad he notado de varias formas una especie de predisposición negativa a la cooperación entre músicos, cosa que me preocupa. Cada vez son más la cantidad de instrumentistas que optan por una carrera en solitario, bajo razones que implican el repudio a trabajar con otros músicos.

      Las personas pertenecientes al negocio de la música en general se muestran cada vez más egoístas, segmentadas e indispuestas a la cooperación mutua. Los más experimentados no le estrechan la mano a los que vienen subiendo, y en su lugar prefieren aprovecharse de su inexperiencia y de sus debilidades para hundirles y hacerles crítica poco constructiva y hasta mal intencionada. Vemos a nuestros compañeros como una potencial amenaza, más que como aquel que podría alcanzar el éxito y llegar a la cúspide a nuestro lado.

      Esto provoca un decaimiento inmenso en la escena musical en general, ha pasado de ser un círculo social artístico, a un subterfugio social de gente que vive cada uno su realidad a parte.

      La situación se torna tan grave que los de afuera valoran cada vez menos el trabajo de los músicos. Si cobras 1000 dólares por presentación vendrá otro que propondrá la misma presentación (aunque no de la misma calidad) por 500, con tal de quitarte el trabajo. Es una de las conductas más autodestructivas del mundo. Las personas que requieren nuestros servicios por lo regular tienen un conocimiento muy regular sobre música y el tema cualitativo, de tenerlo, no necesitarían nuestros servicios. Si nosotros mismos no mostramos valor y respeto mutuo dentro de una comunidad musical por el trabajo del otro, mucho menos lo harán nuestros potenciales clientes o contratos. Se percatarán relativamente rápido de esta tendencia autodestructiva y la usarán a su ventaja.

      Yo personalmente disfruto en grande ver a otros lograr el éxito. Me gusta rodearme de gente exitosa donde se pueda respirar apoyo mutuo y aprender unos de los otros. Me gusta percibir un ambiente ligero y amistoso, tal cual debe percibir quien sea que incursione en el negocio de la música.

      Recuerda que las agrupaciones musicales más grandes del mundo sucedieron gracias a que 4-5 cabezas piensan mucho mejor que una. Y la música perfecta se hace de creatividades distintas encontrando un punto de convergencia.
      Espero les sirva de reflexión y les sea de agrado.

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      Comentarios 1 Comentario
      1. Avatar de marcbolan
        marcbolan -
        Interesante artículo, donde tocamos, ¿una vez más? la profesionalidad o no del músico.
        ¿Se puede realmente vivir dignamente de la música? Ya no digo vivir rícamente.
        Pues casi me aseguro a decir que no.
        Hubo un tiempo, hace ya décadas en que me lo planteé. ¿Me equivoqué con mi elección? Seguramente sí.
        Sería más feliz sí, pero pasaría más penas, también.
        Recuerdo un día, cuando vi a mi profesor de guitarra por Navidades. Estaba pasando hambre, le habían ofrecido un trabajo en una oficina y se estaba planteando dejarlo todo. No sé si lo hizo o no, pero así estaban las cosas.
        Como bien dices, hay muchas herramientas, pero eso supone también más competencia: todo el mundo puede acceder a ellas, y hoy hasta el menos puesto puede hacerse con un instrumental mínimamente digno.
        Seamos claros, cuando más dinero he ganado con la música ha sido haciendo lo que menos me ha gustado: orquestas, verbenas.
        Tocar me hace feliz, pero tocar según qué me hacía desgraciado. Y tocar lo que te gusta no da para comer.
        La vida del músico es incierta: no tienes horarios, no tienes nada fijo.
        Fijémonos en los músicos que acompañan a las 'grandes' estrellas (no demos nombres), son casi siempre los mismos: los mismos guitarras, los mismos baterías, bajistas, etc…
        A pesar de todo, si tuviese unos años menos, lo volvería a intentar, lo intentaría una y otra vez, supongo que en alguna vida lo conseguiría, pero esas vidas también deberían estar lejos de esta país en el que me ha tocado vivir.
        Al menos lo veo así. Un saludo a todos.
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