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    Capítulo #3: Jack, el guitarrista maldito - Más allá de la química

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    Capítulo #3: Jack, el guitarrista maldito
    Enlace al capítulo 1 aquí.
    Enlace al capítulo 2 aquí.Mejoras en el foro-captura-de-pantalla-2015-12-01-las-3.11.36.jpg

    Capítulo 3 – Más allá de la química


    - ¿Dónde coño se ha metido este tío? – dijo Henry, el batería y director de la banda.

    - Vete a saber. El móvil me da apagado o fuera de cobertura, y es la octava vez que intento hablar con él -. Le contestó Simón.
    - ¡Joder! ¿Y qué coño hacemos sin guitarrista? ¡Faltan sólo tres putas horas! Voy a llamar a ver si puede venir alguien desde Madrid. Trata de localizarlo como sea que yo mientras voy moviendo en paralelo.
    - Ok, pero creo que deberías encontrar un sustituto ya. Si alguien tiene que venir de Madrid o sale en media hora, como mucho, o no le dará tiempo.


    El cielo era de color gris y estaba rajado, unido negligentemente por un hilo zigzagueante, como si alguien lo hubiera remendado después de la rotura de las fibras del tejido por tensión. Andaba entre los restos de un mundo gris ruinoso, con una sensación de tedio y soledad insoportable. Miraba a su alrededor sin comprender bien nada: las formas eran difusas, todo lo que estaba a su alrededor lo percibía como algo conocido y extraño, y lo comprendía internamente sin llegar a definirlo con la mirada. Los objetos estaban ahí: inmutables, en su mismo espacio pero en un aparente tiempo distinto, tan lejanos para él como la emoción que se siente al contemplar otra galaxia en una fotografía del Hubble. Nada llegaba a alcanzarlo ni a mitigar la sensación de hastío. El pecho le dolía, o quizá no era el pecho sino el corazón. El hastío se convirtió entonces en dolor, en pena: una pena que le invadía internamente, penetrando poco a poco en su torrente sanguíneo, de forma inexorable, hasta alcanzar el plexo solar: en donde se expandió hacia sus extremidades y hacia su cerebro, ya en las terminaciones nerviosas. Entonces comprendió que la pena residía únicamente en el corazón, que de él se distribuía hacia el resto del cuerpo, y no en la cabeza. Lo sintió y lo vio claro como en una revelación. También comprendió que no servía de nada el cerebro sin corazón: más allá de crear guerras, más allá de generar el odio, más allá de los éxodos, más allá de las religiones, más allá de perder la cordura o la razón a pesar de creer tenerla. Esa era quizá la saudade, como diría Pessoa –su poeta preferido-, que le sometía: su vida no tenía futuro, vida sin rumbo y a la deriva por completo. Su realidad no se parecía ya a su vida, su vida, tal y como anteriormente la conocía, había mutado: una mutación de la realidad objetiva, la realidad de su entorno y sus condiciones existenciales. ¿Estaba ya fuera del sistema ó alienado? El peligro de la alienación era ya casi una realidad. Su realidad, porque alienación y salida del sistema son sinónimos, y él estaba fuera de él hacía tiempo.


    Siempre es una mujer, y lo cierto que todas las narraciones se repiten en este aspecto: la típica escena de enfermera o protectora que acude en auxilio del desvalido; este se despierta del letargo tras el desmayo, siendo agasajado y socorrido con cierto e inexplicable amor por aquella damisela, que suele coincidir que es una belleza - y que es el jodido amor de su vida a posteriori-; la vida, desde que despierta, a su vez se ve transmutada de existencia de mierda-común en vida idílica en el corto lapso que dura el desarrollo de la narración posterior, que suele ser instantánea. Como si toda la vida pasada, hasta aquel instante, no valiera de nada y pudiera olvidarse del todo, de todo, ipso facto, para darse alegremente a la renovada y “nueva” vida. Una nueva vida feliz y de cuento, color de rosa. Fin.

    Pues no, la suya no estaba tan buena, ni era idílica. Era más bien fea, pero graciosa en algunas facciones… en principio se sorprendió y casi se asustó, violentado al darse cuenta que estaba desnudo y en una cama ajena. En un primer instante la sensación fue desagradable y se sintió casi violado de alguna forma.
    Sin embargo ella siguió callada y poniéndole gasas para mitigar la fiebre, a pesar de haber notado y comprendido de alguna forma su reacción: se había violentado también. Esa comprensión y esa reacción dio paso a una sensación de tranquilidad por parte de ambos, que empezaron a sentirse más cómodos. Tras esta nueva “comodidad”, y dado que la situación no parecía para nada peligrosa y él se encontraba mal y débil, decidió dejar la mente en blanco. Lo cierto que estaba sumamente cómodo, ella olía bien, la cama estaba limpia: se dejó llevar hacia un estado casi zen, como si estuviera meditando.
    Fue incapaz de dejar la mente en blanco en el momento en que un pensamiento fugaz le trajo de nuevo a la realidad y a la consciencia: estaba desnudo y una fina sábana era lo único que le separaba de ella, y también era lo único que tapaba las zonas más comprometidas de su cuerpo, pues brazos y piernas los tenía descubiertos. Ella, arrodillada en la misma cama, llevaba una gastada camiseta de manga corta, de andar por casa, y unos leggins negros que dejaban entrever un cuerpo atractivo. Ella emanaba calor, que traspasaba incluso la sábana.
    Quizá por la fiebre, no lo sabía, pero esas facciones delicadas fueron suficientes para pasar a verla sumamente hermosa: su olor a hembra impregnaba todo el cuarto, su tacto… quizá también por la fiebre. Su imaginación corría libre y de repente se descubrió a sí mismo desnudándola en su cabeza, dejando ver su desnuda figura eléctrica, un posibilidad que hizo saltar chispas en algún lugar de su vientre.
    Quizá ella de alguna forma se diera cuenta, porque la conexión empezó a realizarse: cada vez sentía más su calor y una gran atracción, tal que donde ella le tocaba con la gasa húmeda y sumo cuidado, unas ondas eléctricas empezaban a hacer vibrar su estructura nerviosa. ¿Era por la fiebre? No lo sabía. Ella empezó a ser consciente de su poder. Maliciosamente rozaba en ocasiones con su piel, ligera, haciéndole sentir el tacto y su calor directo. No había notado cosa igual en su vida. Sentía una conexión desde la zona impactada hacia sus emociones, lo que provocó que no pudiera controlar una animal, instintiva y poderosa erección. Imposible de ocultar ella se sonrió, cambiando de postura y dejando ver mejor su fabuloso trasero, acción que realizó casi instintivamente.
    El aroma de sus sexos penetró las fosas nasales de ambos justo en aquel instante: como dos animales en celo, esclavos de una química invisible y de unos atavismos propios de la condición humana. Ella empezó a humedecerse y la erección de él estaba en el punto más álgido posible, erección completa desde su base inferior, prostática.
    - Nunca me había pasado esto, en mi vida... -, logró articular Jack, casi balbuceando.
    - Calla… es mejor no hablar -, dijo ella, alargando la mano y tocando cerca del pubis, la base superior de su pene, haciendo una ligera y placentera presión. Él a su vez alargó la suya palpando el glúteo de ella, que notó agradable, firme, mullido y cálido a la vez. Aquel olor profundo, seco y penetrante, captado y atrapado dentro de su nariz, era como un fogonazo de luz y claridad que ansiaba retener para siempre en el recuerdo de ese instante, vívido en su particular y personal espacio-tiempo; debido a ello sentía el vientre ardiendo, como si se hubiera desatado dentro de su estómago una feria multicolor.

    Podría seguir el hilo erótico y pornográfico, pero realmente no es nada que no conozcamos: vulvas húmedas, penes mojados, labios, saliva, calor corporal, gemidos, más fiebre y pensamientos entrecruzados, glúteos, clítoris de vagina con pelos, orgasmos, semen... Lo que sigue a un acto de ¿amor? de estas características también es típico: un cigarrillo, aún con fiebre, y esa sensación efervescente entre la dicha y el vacío, la petite mort como lo llaman los gabachos, y volver a dormir.


    Continuará….
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    Comentarios

    1. Avatar de Gene Amott
      Bueh, como siempre excelente ya me dejas esperando la siguiente entrega (namber wan fan chavalote) buen trabajo da gusto leer algo de vez en cuando que sea "políticamente incorrecto"

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