Tu usuario o correo electrónico:
¿Ya tienes una cuenta?
¿Olvidaste tu contraseña?
  • Inicia Sesión o Regístrate

    Ver el RSS Feed

    Concepto's Blog

    Capítulo #2: Jack, el guitarrista maldito - No me gustan las putas palomas

    Puntúa esta entrada
    Capítulo #2: Jack, el guitarrista maldito
    Enlace al capítulo 1 aquí.
    Enlace al capítulo 3 aquí.
    No marca bien la hora de postear-jack.jpg
    Capítulo 2 – No me gustan las putas palomas



    Una carretera. Eso es lo que se encontró Jack cuando abrió la puerta y pudo respirar el olor a neumático quemado. El tufo llegaba del taller frente al hotel, junto a cuya cerrada puerta ardía una pila de neumáticos. ¿Dónde estaba ese jodido hotel? ¿De qué forma había llegado ahí la noche anterior? No recordaba ni ese ni ningún otro detalle, como la hora a la que se había acostado o qué hizo después que le dejasen hablando con la chica en aquel aburrido tugurio.
    Conmocionado, esa era la palabra que mejor definía su estado. La disputa con la recepcionista, a pesar de haber respondido de una forma incomprensiblemente lúcida en ese momento, le había dejado agotado. Dormir cuatro horas cada amanecer, durante seis días de conciertos, no es bueno para la salud. Y en esta ocasión tenía el handicap de la fiebre.

    El estuche de la guitarra pesaba como si estuviese relleno de plomo fundido. La carretera, el taller, el hotel y una casucha vieja al pie de la misma carretera. La sensación era de desolación y tristeza. Desde la casa se le clavaba la inquisitiva mirada de una mujer de unos 70. Y allí no había ahí nada más. La fiebre le hacía tiritar y tenía ganas de vomitar.
    Alzando la voz lo más que pudo, y aún así sonando débil, preguntó a la mujer, que no esperaba la pregunta, desde la distancia:
    - ¿Dónde está el pueblo, Señora? –. Con cara de haber visto un muerto, dubitativa, respondió.
    - Pueh… tienes una buena caminata, hijo. Una hora andando pá’llí – dijo señalando hacia la línea recta que marcaba la carretera, que se perdía en el horizonte sin dejar entrever el pueblo-. Aunque lo mismo tardas hora y media... o más.
    Tras decir esto se metió rápidamente en su casa y cerró la puerta dejando a Jack, que quería hacer más preguntas, con la palabra en la boca. Aún desde la distancia Jack pudo percibir el sonido apresurado de cierres, llaves y cadenas. ¿Tan mala impresión daba? Debía ser que sí.
    - Maldita sea mi estampa – masculló.
    Y se puso en camino.

    Cuatro perros atropellados, dos gatos aplastados, un zorro destripado y dos alcones en la cuneta, reventados del impacto de algún parabrisas, contó en las dos horas que tardó en cubrir el insufrible trayecto del hotel al pueblo. A ratos se había sentido igual de mal que los pobres bichos atropellados, que descansaban para siempre, olvidados, sobre aquel mal parcheado asfalto o sobre aquella sucia cuneta, y dos veces paró para vomitar. Mientras vomitaba recorrió su mente una escena de una antigua película norteamericana, con Nick Nolte y Don Jonson de protas. “Return to Macon County” se llamaba. La escena concreta: sin venir a cuento, una de las protagonistas, de apariencia ingenua pero como una auténtica regadera y novia de Nick Nolte, le comenta a este sobre cómo le encantaban los gatos aplastados, cómo los adoraba, y cómo disfrutaba jugando al frisbee con ellos. - Esos jodidos gatos podrían estar inmortalizados pegados en el centro de un cuadro de arte moderno, en el Moma o en Kiasma-, pensaba Jack.



    Una mujer a la puerta del puticlub, justo antes del cartel de inicio del pueblo, fue la primera en saludarle aquel día.
    - Hola guapetón… ¿tienes buen mástil?
    - Sinceramente, no creo que se me levantase ahora ni aunque fueras mi jodida ex-novia.
    Y siguió subiendo un repecho hasta llegar al apestoso tugurio del día anterior, cerrado a esa hora. Apestoso porque eso era lo único que recordaba: hedor a fiesta de pueblo, cervezas y vino mezclado con serrín. El cartel lo recordaba, dado que el entrar aún estaba lúcido.

    Siguió recto hacia el pueblo. El estómago le hacía ruido de apetito, que no hambre –hambre sólo se pasa en las putas guerras-, como solía decir su abuelo. - O en las putas crisis, abuelo-, apuntó mirando al cielo. Pero estos pensamientos no mitigaban los rugidos de su triste estómago. Con fiebre y sin haber desayunado, el cansancio acumulado le estaba pasando factura y, cuando llego a la plaza del pueblo, tras sentarse en un banco repleto de cagarrutas de paloma, se quedó dormido.

    Un paloma le picaba la mano. Abrió el ojo derecho y consiguió atizarle un golpe rápido con el dorso y los nudillos, en un hábil movimiento de muñeca. El golpe pilló al animal desprevenido y le hizo tambalearse hasta que finalmente se precipitó ridículamente desde la altura del banco. Ya en el suelo, y tras conseguir incorporarse y cojeando -dado que para mayor inri la paloma era coja-, se fue aleteando y picoteando a sus congéneres, que parecían mofarse de ella.
    - ¿Qué cojones haces, japuta? -, dijo Jack a la triste paloma.
    Rápidamente dejó de importarle la paloma cuando mirando hacia los lados del banco no encontró el estuche de su guitarra. Y evidentemente tampoco la guitarra: no estaba, se la habían robado.


    Entro en el bar de la plaza del pueblo tambaleándose y tiritando todavía más que por la mañana, blanco como la propia muerte. Debía tener más de 39º de fiebre y un sudor frío le caía por la mejilla. El barman y dos o tres clientes viendo una corrida de toros en la tele. Al verlo se enfadó y dijo:
    - Largo daquí, jodio drogata, aquí no pones tú el pié.
    - Necesito algo de comer, estoy enfermo… - contestó Jack, que empezaba a pensar que moriría en ese pueblo.
    - ¡Que te pires del bar ahora mismo, escoria!.
    Tras esto Jack hizo amago de salir del bar. No tenía intención de discutir con nadie ni ganas de perder el tiempo. Sin embargo, debido al volumen de la conversación, una mujer se giró y debió reconocerle de algo, dado que intervino.
    - Tranquilo Paco, que este chico no es un drogadicto, es el guitarrista del concierto de anoche, - dijo.
    - No fastidies, pero si parece un drogadicto. ¡No pué ni andar!
    - Exacto, soy el guitarrista. No sé qué pasó ayer, estoy enfermo y con fiebre, me han echado del hotel y me han robado la guitarra.

    Y esto fue lo último que dijo antes de volver a desmayarse.

    Enlace al capítulo 3 aquí.

    por Concepto (Pedro Martínez Alhambra) - Guitarbend © / Todos los derechos reservados.Información y copyright © de Guitarbend.com

    Enviar "Capítulo #2: Jack, el guitarrista maldito - No me gustan las putas palomas" a Twitter Enviar "Capítulo #2: Jack, el guitarrista maldito - No me gustan las putas palomas" a Google Enviar "Capítulo #2: Jack, el guitarrista maldito - No me gustan las putas palomas" a Digg Enviar "Capítulo #2: Jack, el guitarrista maldito - No me gustan las putas palomas" a del.icio.us Enviar "Capítulo #2: Jack, el guitarrista maldito - No me gustan las putas palomas" a StumbleUpon

    Comentarios

    1. Avatar de Gene Amott
      Al igual que la anterior entrega, me ha encantado, así que por favor sigue con ellas

    Trackbacks


    Sobre GuitarBend
    Magazine Musical, Academia de Guitarra, Red de Músicos, Blogs, fotografía de concierto y foro de Guitarra por y para los guitarristas profesionales y amateurs.

    GuitarBend.com es un Magazine y red de guitarristas y músicos integral dedicada a nuestra mayor pasión: la música.
    Nuestros colaboradores:

    Colaboradores de GuitarBEND.com: Barbarella Vinyls Podcasts

    GuitarBEND.com © since 2014.
    GuitarBEND.com 2016 ©